13/8/26

EL PALOMAR DE TORRE ARIAS

  En la construcción que hizo el Conde de Bedmar del Palacio de la Quinta de Canillejas también tuvo en cuenta la construcción del palomar con el mismo estilo neomudéjar del siglo XIX que imprimió al Palacio. A día de hoy tras las obras de consolidación y restauración está sin uso. Nuestra intención es poder darle el uso para el que fue destinado. Contar con participación de colombófilos y con la Federación de Colombofilia para que se le dieran el uso para el que fue creado, sería todo un logro en este lugar tan emblemático del distrito San Blas-Canillejas.

Torreón del Palomar de Torre Arias

   El origen de la Quinta Torre Arias data del siglo XVI, bajo el reinado de Felipe II, y fue cambiando de propietario con el paso de los años hasta ser declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de conjunto histórico por la Comunidad de Madrid en 2022
  La Quinta de Torre Arias fue la primera casa de campo de Canillejas, razón por la que también se conoció como Quinta de Canillejas entre otros nombres, y se cree que fue inicialmente edificada alrededor de 1580.
  Esta finca cuenta con un total de 18 hectáreas y se divide en 3 grandes bloques: el palacio y sus dependencias, sus históricos jardines y la parcela norte de 2 hectáreas, que además siguen siendo de uso público y gratuito.
   Las caballerizas del palacio fueron reconstruidas en el siglo XIX, bajo la propiedad del marqués de Bedmar y su imagen recuerda a los establos y caballerizas de algunos châteaus decimonónicos. Cuenta también con su emblemático Palomar en forma de torre circular unido a las dependencias del patio interior de caballerizas. Fuera de recinto palaciego destacan la Casa del Jardinero Jefe y la Casa del Guarda en el viñedo, además del Matadero, la Casa de Vacas, la Casa de Aves y la Bodega, situada en la zona suroeste del patio de caballerizas.
   Desde sus inicios, la Quinta de Torre Arias contó con huertas y jardines que fueron modificándose con el paso del tiempo y en donde se pueden encontrar hasta 31 especies arbóreas, 27 arbustivas y 2 palmeras. Actualmente, también alberga un jardín productivo, con huertas, viñedos e invernaderos y un parque paisajístico-romántico, en el que destaca el jardín del arroyo, la fuente de la Isabela, el lavadero y la Fuente de la Minaya.

Contexto:
Historia de los Palomares en España y el mundo
   Los palomares surgieron como construcciones rurales para criar palomas, aprovechando su carne y su estiércol como complemento económico y alimentario.
     Su arquitectura varía según la región, destacando el uso de barro, tapial y adobe, así como formas circulares, cuadradas o poligonales orientadas al sol.
   Estos edificios, hoy en gran parte abandonados, constituyen un patrimonio cultural y paisajístico. Su recuperación y conservación permitiría mantener viva la memoria de la economía campesina tradicional y de sus ingeniosas soluciones constructivas.
   Los palomares han pasado de ser instalaciones humildes ligadas a la economía rural a convertirse en auténticos símbolos del paisaje agrario y del patrimonio popular. Hoy despiertan el interés de historiadores, arquitectos, amantes de la naturaleza y, por qué no, de curiosos que se preguntan qué función tenían realmente y por qué se ven cada vez menos.
  Aunque a simple vista puedan parecer simples casetas para aves, detrás de cada palomar hay una historia de usos, técnicas constructivas, costumbres culinarias y organización del territorio. Desde los torreones de ladrillo de las pampas argentinas hasta los palomares de adobe de la Tierra de Campos en Castilla y León, o los pequeños recintos en desvanes y camarotes del norte peninsular, todos responden a la misma idea: aprovechar de forma ingeniosa los recursos de la paloma para complementar la economía familiar.
Palomar de la Breña
 Uno de los palomares más grandes y antiguos del mundo está ubicado en Barbate. Se llama Palomar de la Breña y está situado en un rincón escondido del Parque Natural de la Breña. Entre la paz y tranquilidad se esconde un tesoro que muy pocos conocen y que atesora el hotel rural el Cortijo de la Porquera.
   Actualmente el palomar está inactivo, pero se   puede   visitar    gratuitamente     pidiendo permiso al encargado del hotel. El edificio  en sí data del siglo XVIII  cuando  fue  adquirido por Ventura  de Osio y Salazar,  administrador de la Real Aduana de Cádiz  y años más tarde, ministro  de la Real Hacienda. Concretamente el palomar tiene 400 m²  y  presume  de  tener 7770 nidos de paloma construidos en terracota donde en su época de mayor esplendor llegó a albergar 15.000 ejemplares.

¿Qué es un palomar y cuál es su función principal?

   Un palomar es, en esencia, una construcción destinada a albergar palomas y pichones, diseñada para que estas aves encuentren refugio, puedan anidar con seguridad y reproducirse con regularidad. Su uso ha estado tradicionalmente ligado al medio rural, tanto en Europa como en América, y formaba parte de la llamada arquitectura popular o vernácula, es decir, aquella que se levanta con materiales locales y saberes transmitidos de generación en generación.
  La función principal de los palomares ha sido doble: por un lado, proporcionar carne de paloma y pichón para el consumo humano, y por otro, generar palomina (el estiércol de paloma), muy apreciada como abono orgánico de alto valor para los campos. Durante siglos, para muchas familias campesinas, disponer de un palomar suponía contar con un complemento alimenticio y económico notable.
   En textos clásicos de la literatura castellana aparece reflejada esta realidad. El propio Don Quijote de la Mancha menciona los palominos como plato de domingo, y en el Lazarillo de Tormes se habla de la rentabilidad de un buen palomar. Estos ejemplos literarios no son casuales: evidencian lo habitual que resultaban estas construcciones en la vida cotidiana y su peso en la dieta de la época.
   Además de su vertiente alimentaria y agrícola, el palomar tenía un componente simbólico y social. En la Edad Media, poseer un palomar llegó a ser un privilegio feudal, asociado al poder señorial. En algunos territorios, solo determinados nobles o propietarios podían construirlos y explotar sus beneficios, lo que reforzaba su imagen como signo de estatus.
   Aunque con el tiempo esa connotación señorial fue desapareciendo y los palomares comenzaron a verse como simples instalaciones ganaderas especializadas, en muchas comarcas siguieron siendo un referente, hasta el punto de que su silueta se ha vuelto tan característica del paisaje como la de los molinos de viento en otras regiones.

Origen histórico de los palomares y expansión geográfica
   La relación entre las sociedades humanas y las palomas es antiquísima. En el antiguo Egipto, hace más de 5.000 años, la paloma ya se consideraba un alimento selecto y un ave cargada de simbolismo religioso. Se creía que era mensajera de los dioses, y por ello solo podían tener palomas ciertas élites, como la corte de los faraones.
   En la Grecia clásica también se desarrolló una auténtica afición por las palomas, tanto con fines simbólicos como prácticos. Más tarde, con la expansión del Imperio romano por Europa, la cultura del palomar se difundió ampliamente. Los romanos llevaron consigo no solo técnicas de construcción, sino también la costumbre de criar palomas para carne y abono, lo que explica la presencia de palomares en buena parte de la Península Ibérica y de otros territorios europeos.
   En la Corona de Castilla, ya en la Edad Media, los palomares alcanzaron tal importancia que llegaron a estar protegidos por la legislación. El rey Enrique IV, en 1465, promulgó una Ley de Protección de los Palomares que castigaba severamente a quien matara palomas ajenas o dañara estas estructuras. Este detalle legal deja claro el valor económico y simbólico de las palomas y sus instalaciones.
   Con el tiempo, el palomar pasó de ser un privilegio restringido a un elemento mucho más extendido. Al perder la nobleza parte de su poder, estas construcciones se democratizaron, convirtiéndose en explotaciones ganaderas complementarias para muchas familias campesinas. Se incrementó la compraventa de palomos, el uso de la palomina como fertilizante y la presencia de palomares en las inmediaciones de los pueblos.   
   En Castilla y León, especialmente en la comarca de Tierra de Campos -repartida entre Zamora, León, Palencia y Valladolid-, se llegó a hablar de decenas de miles de palomares en su momento de mayor auge. Muchos estudios estiman que pudieron existir cerca de 10.000 solo en este amplio territorio, donde se convirtieron en una seña de identidad del paisaje.

Los palomares en América del Sur
   Los palomares no son exclusivos de Europa. En Argentina, por ejemplo, estas construcciones llegaron de la mano de los inmigrantes europeos que arribaron entre finales del siglo XVIII y el XIX, principalmente ingleses, irlandeses, franceses y españoles. Muchos de ellos se instalaron en campos de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, llevando consigo sus costumbres, entre ellas la cría de palomas.
Palomar de Caseros – Morón – Buenos Aires


   En las estancias y chacras argentinas, el palomar se concebía como un torreón aislado en medio de un potrero, lejos de árboles y otras edificaciones. La razón era práctica: reducir el ruido y el olor cerca de la casa principal y, al mismo tiempo, evitar la presencia de depredadores que se ocultaran en la vegetación cercana.
  Valorar el palomar histórico que da nombre a la localidad de El Palomar en el Gran Buenos Aires —originariamente propiedad de Diego Casero, del siglo XVIII y planta circular de tres pisos concéntricos— se han restaurado y conservado como piezas patrimoniales singulares.

Tipos de palomares y su integración en la arquitectura popular
   Una de las características más llamativas de los palomares es la extraordinaria diversidad de formas y soluciones constructivas que presentan. No hay dos palomares idénticos, aunque compartan ciertos criterios básicos de diseño destinados a la comodidad de las aves y a la protección frente a depredadores y condiciones climáticas adversas. Abundan los palomares de planta circular, cuadrada, rectangular o incluso hexagonal. Algunos poseen patios interiores donde las palomas pueden tomar el sol, alimentarse y beber sin riesgo, mientras que otros carecen de este espacio y organizan todos los nidales directamente sobre los muros perimetrales.
Palomar de Villa Carmen El Ranero, Murcia
  El empleo de piedra, madera y, sobre todo, adobe y barro es la norma en estas construcciones. La escasez de piedra de calidad y la limitada disponibilidad de madera —que además se destinaba a combustible— empujaron a los constructores a recurrir al barro como material esencial. Este se utilizaba tanto en forma de tapial como de adobes, con un zócalo de piedra para evitar el contacto directo con la humedad del suelo.
  El revoco de barro, conocido como embarrado, enlodado o enfoscado, tenía un papel clave: proteger los muros del agua, el hielo y las fuertes oscilaciones térmicas del clima mesetario. Sin este recubrimiento, los muros de tierra cruda se erosionarían rápidamente, por lo que era habitual tener que repasar y mantener estas superficies de manera periódica.
  En el interior, la disposición de los nidales se hacía casi siempre a tresbolillo, formando una trama densa de huecos donde anidaban las palomas. Estos nidos podían estar excavados directamente en el muro de tapial o adobe, construidos con vasijas de barro sin cocer, hechos con tablas de madera o combinando varias técnicas. Todo se orientaba a maximizar el número de parejas de palomas en un espacio limitado, sin comprometer su bienestar.

Ubicación, orientación y detalles funcionales
   En prácticamente todas las regiones, uno de los criterios recurrentes era orientarlo hacia el sur o hacia el mediodía para aprovechar al máximo la radiación solar, fundamental para el desarrollo de los pichones en climas fríos. De este modo, los muros recibían más calor y el interior resultaba menos inhóspito en invierno. Los palomares se situaban generalmente en lugares despejados, sin árboles ni construcciones altas cercanas. Esto cumplía varios objetivos: ofrecía un campo de vuelo libre para las palomas, dificultaba el acceso de aves rapaces que pudieran posarse en ramas cercanas y reforzaba el papel visual del palomar en el paisaje, erguido en medio de una llanura abierta.
  La puerta de acceso se orientaba y dimensionaba con cuidado, y las pequeñas troneras o huecos de paso —por donde entran y salen las palomas— se diseñaban de forma que ofrecieran comodidad a las aves pero impidieran la entrada de roedores. La hermeticidad relativa del edificio a nivel de suelo era fundamental para evitar ratas y otros depredadores.
  En muchos palomares se incorporaban remates y adornos en las cumbreras, celosías, cenefas de ladrillo, pináculos y guardavientos. Además de proteger la estructura y facilitar el paso de las palomas, estos elementos otorgaban a cada edificio un aspecto singular. Es significativo que, mientras la vivienda campesina solía ser muy sobria, el palomar admitía una mayor libertad decorativa.
  En numerosas localidades del norte de España —como Allo, San Martín de Unx, Bernedo, Amorebieta-Etxano, Urduliz o Pipaón—, la cría de palomas se integraba directamente en la vivienda o en sus anexos. El desván, el camarote o el granero se convertían en espacios idóneos para albergar estas aves.
   En algunas casas, el palomar se ubicaba en la parte alta del edificio, con una ventana pequeña hacia el exterior, a veces protegida con malla de alambre y otras completamente abierta. Las palomas utilizaban elementos como jarras viejas de porcelana o lecheras de aluminio colgadas de un palo como referencia visual para posarse y entrar.
Istanbul, Turkey

   En otros casos, cuando no se disponía de un palomar en sentido estricto, las aves aprovechaban huecos entre el falso techo y el suelo del camarote, o entraban por balcones y se asentaban en los espacios más resguardados y difíciles de alcanzar para los habitantes de la casa. La flexibilidad de la paloma para adaptarse a distintos rincones facilitaba su crianza incluso en viviendas que no estaban diseñadas expresamente para ello.
 También existían palomares más organizados dentro de las edificaciones, como amplios recintos en primera planta o en bajos adaptados a modo de jaula con tela metálica. En estos casos se combinaban la comodidad de tener el palomar integrado en la explotación con un mayor control sobre la salida y la entrada de las aves.

Materiales y técnicas constructivas: barro, tapial y adobe

 La construcción de palomares está íntimamente ligada al uso del barro como material fundamental. Las características geológicas de la zona —con abundancia de arcillas y escasez de piedra buena y madera— llevaron a desarrollar una arquitectura del barro muy sofisticada, donde el palomar ocupa un lugar destacado.
   Los materiales básicos eran el tapial, el adobe, la piedra para los zócalos, algo de madera estructural y la teja árabe para la cubierta. El tapial se puede considerar un hormigón de barro apisonado, ejecutado in situ con encofrados de madera. Se utilizaban tierras arenosas mezcladas con arcillas (en torno al 15-20%) y agua en la proporción justa para lograr un material compacto y poco poroso.
   La tierra se preparaba con antelación: se amontonaba en pequeños montones durante el otoño, para que la lluvia, el hielo y el sol del invierno contribuyeran a deshacer terrones y eliminar materia orgánica. Lo ideal era dejarla reposar aproximadamente un año antes de utilizarla, asegurando así una calidad óptima para construir muros resistentes al paso del tiempo.
   El adobe, por su parte, consistía en piezas moldeadas de barro secadas al aire, que luego se unían con el mismo material base. En ocasiones se combinaba tapial en las partes inferiores y adobe en las superiores, obteniendo fábricas mixtas que aprovechaban las ventajas de ambos sistemas. La piedra se reservaba para las zonas más expuestas a la humedad, como el zócalo, y para reforzar esquinas, aristas y dinteles.
Rabat, Rabat-Salé-Kénitra, Morocco
  La principal desventaja de estas fábricas de barro es su vulnerabilidad al agua, por lo que el mantenimiento era y sigue siendo crucial. Sin un embarrado en buen estado, la lluvia y las heladas pueden erosionar rápidamente el material, provocando grietas, desplomes parciales o incluso el colapso completo del edificio si se abandona.

Situación actual, abandono y valor patrimonial

   Con el avance de la industrialización, el éxodo rural y la transformación de la agricultura a partir de los años 60 del siglo XX, la mayoría de los palomares entraron en un lento pero constante proceso de declive. La cría de palomas dejó de ser rentable frente a otras producciones intensivas, se redujo la demanda de carne de paloma y la palomina fue sustituida por fertilizantes químicos más cómodos de aplicar.
   Hoy muchas de estas construcciones se encuentran en ruinas o al borde del colapso. Iniciativas como la de ADRI Palomares han intentado catalogar los ejemplares que subsisten y promover la conservación de palomares: en un área limitada se han inventariado más de 700, de los cuales una parte importante está muy deteriorada, aunque aún se considera que unos cientos podrían recuperarse con intervenciones adecuadas.
 A pesar de su abandono, crece la conciencia de que estos edificios son testimonios valiosos de la cultura campesina y de la arquitectura popular. Muchos especialistas y amantes del patrimonio defienden la necesidad de apoyar su rehabilitación, no solo por su belleza y carácter simbólico, sino también porque representan un modelo de economía circular: el palomar nace de la tierra (barro y piedra) y, al desmoronarse, vuelve a ella sin generar residuos persistentes.

Colombicultura y Colombofilia
   La Colombicultura es la práctica que se dedica a la cría, selección, adiestramiento y competición de palomas mensajeras y deportivas. Esta actividad tiene una rica historia y está profundamente enraizada en diversas culturas, donde las palomas han sido utilizadas no solo como mensajeras sino también como símbolos de paz, libertad y resistencia.
   La Colombofília en cambio es la actividad que consiste en criar y preparar palomas mensajeras. Alude a los saberes y las técnicas que permiten convertir a estas aves en animales capaces de llevar mensajes y luego regresar a su lugar de origen. Es importante conocer el origen etimológico de esta palabra. Así, podemos decir que es fruto de la suma de dos partes: De las palabras latinas “colombus”, que significa “paloma” y del término griego “philia”, que es sinónimo de “amor”.
   Su historia se remonta a tiempos antiguos. Las palomas han sido domesticadas por el ser humano desde hace miles de años. Hace unos 5.000 años, los faraones de Egipto fueron los pioneros en hacer uso de las palomas para enviar y recibir mensajes. En civilizaciones como la egipcia, griega y romana, las palomas fueron valoradas por su capacidad de regresar a su lugar de origen, lo que las convirtió en excelentes mensajeras.
   Durante la Edad Media, la colombicultura y la colombofilia se popularizaron en Europa, donde las palomas mensajeras jugaron un papel crucial en la comunicación entre reinos y ejércitos. En épocas más recientes, las palomas fueron utilizadas en las dos guerras mundiales para enviar mensajes codificados, lo que demuestra su importancia estratégica.
  En los siglos XIX y XX, hasta la Segunda Guerra Mundial, fue utilizada esa “técnica” con gran contundencia. No obstante, no podemos olvidar que, en el año 1979, los soviéticos hicieron uso de la colombofilia para proceder a ordenar lo que fue la invasión de Afganistán.
   Además de para enviar mensajes, también las palomas fueron usadas para captar fotografías, mediante minúsculas cámaras, de las posiciones enemigas durante los conflictos bélicos.
  Hoy en día, tanto la colombicultura como la colombofilia se han transformado en un deporte que combina la cría selectiva, la genética y el adiestramiento, con competiciones que desafían las habilidades tanto de las palomas como de sus criadores.
Palomas. Tipos de palomas
  Las palomas o colúmbidas (Columbidae) son una familia de aves de la orden de las columbiformes con un total de 353 especies. Las palomas se distribuyen por todo el mundo, excepto la Antártida y el Ártico y con centro de dispersión en América Central. La mayor diversidad de especies se da en la ecozona indo-malaya y la ecozona de Australasia. Son Aves de gran inteligencia que ha llegado a permitir incluso una interacción con el ser humano.

Razas de Palomas
  Existen más de 350 razas diferentes razas de palomas que se crían y entrenan en colombicultura, cada una con características únicas que las hacen aptas para distintas modalidades de competición. El proceso de Cría en la Colombicultura implica la selección de parejas, el cuidado de los polluelos y el entrenamiento de los jóvenes entre otros.
  Las Palomas Mensajeras descienden de la paloma bravía (Columba livia). Han sido utilizadas por el ser humano durante más de 3.000 años — desde el antiguo Egipto y Persia hasta los Juegos Olímpicos griegos, los ejércitos romanos y ambas Guerras Mundiales. En la actualidad, son las estrellas de las competencias de colombofilia y siguen admirándose por su extraordinario instinto de orientación.
  Son famosas por su extraordinaria capacidad de navegación y retorno al hogar. Pueden regresar desde distancias de 700–1.800 km o más. La velocidad promedio de vuelo es de unos 97 km/h en distancias largas, con velocidades máximas de hasta 160 km/h en tramos cortos. Utilizan una combinación de campos magnéticos, infrasonidos, puntos de referencia y posición del sol para orientarse con gran precisión. En competencias, las aves bien entrenadas pueden cubrir más de 800 km en un solo día.
  Existen tres tipos fundamentales de paloma: salvajes, domésticas y cimarronas.

Palomas salvajes


Palomas salvajes: Son aquellas que viven en estado salvaje aunque pueden ser de gran importancia para el hombre al ser en muchos casos especies cinegéticas altamente valoradas. También pueden ser criadas en los palomares como veremos más adelante.






Paloma torcaz


Paloma torcaz: De gran tamaño (40 cm) y caracterizada por una mancha blanca en el cuello. Habita en bosques donde construye sencillos nidos en los árboles. De costumbres sedentarias, en España recibimos millones de aves procedentes de Centroeuropa durante el invierno.







Paloma zurita


Paloma zurita: Tamaño pequeño (30 cm) y plumaje grisáceo sin la mancha blanca del cuello que identifica a la torcaz.Habita en áreas abiertas salpicadas de bosquetes y con roquedos, acantilados, edificios...en los que anida. También sedentaria, llegando en invierno ejemplares europeos pero siempre en menor número que las torcaces.






Paloma bravía


Paloma Bravia: Mediana (30-35 cm) y plumaje grisáceo con irisaciones verdes y moradas.Habita en zonas con roquedos, acantilados...en los que anida, siendo la antepasada de las palomas domésticas siendo muy difícil en ocasiones señalar si los ejemplares son verdaderas bravías o híbridos.





Palomas domésticas


Palomas domésticas: Son aquellas palomas criadas en cautividad y sometidas a un manejo similar al de cualquier especie doméstica ya que los objetivos de su crianza son la producción de carne (pichón), el uso en competiciones deportivas o la exhibición y participación en ferias y concursos, además de ser criadas también como animales de compañía.





Palomas cimarronas


Palomas cimarronas: Procedentes de palomas domésticas escapadas o soltadas voluntariamente, habitan en pueblos y ciudades, anidando en edificios y llegando a constituir en ocasiones auténticas plagas.










   Es tanta la variedad de razas que animamos a quien le interese, puede navegar por las paginas de las dos federaciones españolas de Colombicultura y de Colombofilia por lo interesante de este mundo de las palomas, palomos y tórtolas.


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